La Infelicidad del Inconsciente Social

Soy Jose Carlos.

Un Scout que tiene la cita de “El Scout deja el mundo mejor de como lo encontró” tatuada en la mente.

Un Nómada Digital que empezó a crear este proyecto en Septiembre de 2018 para ayudarte a encontrar tu propio camino desde una perspectiva emocional.

Una persona que, acojonada por el Cambio Climático, quiere aportar su granito de arena para ayudar a mitigarlo.

Este post no es más que la proyección sobre mi concepción del mundo a través de mi prisma, mi conciencia.

No pretendo convencerte de lo que tienes que hacer, decir o pensar. Mi intención es que te cuestiones a ti mismo cosas como por qué haces lo que haces, por qué dices lo que dices o por qué piensas lo que piensas

Si eres de las personas que sienten que el principal problema global al que nos enfrentamos viene a raiz emocional, me dirijo a ti.

Si eres de las personas que ven que el mundo está evolucionando hacia ese futuro que valorará más la pasión que la posesión, me dirijo a ti.

Si eres de las personas que creen que el emprendimiento será lo que abra la mente y el corazón de la sociedad, me dirijo a ti.

A pesar de que me apasione el campo emocional, me encante la psicología o me ponga bien cachondo filosofar, no me consideres un experto. No lo soy.

De modo que, no me hagas ni puto caso, utiliza tu propio criterio y observa con detenimiento las sensaciones que este post te haya provocado para sacar tus conclusiones emocionales.

Sociedad Zombi: la felicidad

En Noviembre de 2018 hice un pequeño viaje de 15 días en soledad por Europa. Estuve en ciudades como Berlín, París y Viena, entre otras.

Uno de esos viajes llenos de esas pequeñas experiencias que hacen que tu visión del mundo sea un poquito más amplia.
Uno de esos viajes que por muchas palabras bonitas y fotos enseñes, nunca será suficiente para abarcar el cúmulo de sensaciones que visite.
Uno de esos viajes de los que conoces a personas del estilo “cuando me pase por tu país te aviso y nos vemos”.

Si has hecho alguno así sabrás a lo que me refiero

En las grandes ciudades respiraba cierta abundancia material innecesaria, mientras que en las pequeñas una sencillez bastante equilibrada.

No tardé mucho en percibir una agobiante infelicidad a mi alrededor hacíendome sentir aliviado por el consuelo de ver que mi país no era el único con problemas emocionales importantes tratando de ser cubiertos comprando o comiendo sin mesura pero, irónicamente, al mismo tiempo me sentía angustiado al no comprender qué coño nos está pasando a todos como sociedad.

Toparme con caras largas, amargadas y tristes corriendo a toda prisa de un lado a otro era algo practicamente inevitable.

Quizá pienses que cualquiera se daría cuenta de esto al estar viajando sin preocupaciones ni obligaciones, y tienes razón. Ver la vida con gafas de turista hace que veas la belleza incluso en una cagada de perro, hasta tal punto de ponerte a hacerle fotos para colgarlas en el Instagram con un #wonderfullife en la descripción.

Con ellas es más sencillo percatarse de cuando tu alrededor no es feliz. Por eso, yo soy de los que procura no quitárselas nunca aunque a veces sea complicado según el día.

A lo largo del viaje pensaba en cómo es posible que hay tantas personas infelices a pesar de tener todo lo que necesitan para vivir, lujos extra que poder darse, comer lo que les apetezca y tener un trabajo con el que poder mantener ese estilo de vida.

Entonces verifiqué una de las cosas más importantes que recientemiente había aprendido. No importa cuantas cosas tengas si tu yo más pasional no tiene una dirección a la que poder ir.

No tengo idea de cuantas veces habré escuchado la típica frase de “por qué existimos”, “qué sentido tiene la vida” o “cuál es nuestro propósito”. A mi percepción, todas estas cuestiones hacen referencia a lo mismo. Siempre que pienso en ello, veo la misma respuesta.

¿Soy útil?
¿Valgo para algo?
¿Para qué sirvo yo como individuo dentro de mi comunidad?

Quizá por eso abunde más el tipo de persona que prefiere que le digan lo que hacer, que el de decidir o descubrir por sí misma.

Como si de serie ya fuésemos vagos emocionales.
Como si de serie ya nos menospreciásemos a nosotros mismos.
Como si de serie aun viendo que se necesite nuestra ayuda, no ayudásemos hasta que no se nos lo pida.

Claramente tenemos una necesidad vital de sentirnos realizados tanto con nosotros mismos como con nuestro entorno en lo más profundo de nuestro ser.
Ese punto de partida en el que empezar a construir la felicidad.
Ese descubrimiento del camino que recorrer.
Esa misión que tener que cumplir.

Ya sea por acondicionamiento previo o no, tendemos a pensar que la felicidad es comodidad, seguridad y bienestar.
Como si no nos permitiésemos ser felices hasta no tener el dinero suficiente con el que poder cubrir nuestras comodidades.
Como si creyésemos que una vez conseguida dicha seguridad ya seríamos felices.
Como si pensásemos que la felicidad es una constante.

Y una polla.

Sociedad Zombi: el ego

Vivimos en una sociedad en la que se vive la felicidad de forma más efímera que un orgasmo.

Pagamos un precio tremendamente costoso por la infelicidad, obcecados en el resultado final sin disfrutar del proceso.

Arrasamos con todo lo que pasa por nuestro camino demostrando que el ego es quien está al mando.

Tratando de encontrar su singularidad, lo que le hace especial, lo que le hace único frente a los demás, el ego, quiere tener lo novedoso, lo exclusivo, ser el primero en obtener eso que nadie más tiene y poder formar parte de ese pequeño colectivo que va “a la última”.

Para mí, el ego es como ese niño que quiere esto y aquello para ahora y porque si.
Como ese niño que busca llamar la atención gritando “¡Mirame!¡Mirame!”, mientras da vueltas montado en el tiovivo.
Como ese niño que piensa que cualquier cosa que esté a su alcance es de su pertenencia.

Precisamente esto es suelo percibir cuando visualizo a toda la sociedad junta.

Veo niños.

Niños más pendientes del lo vecino que de sí mismos.
Niños señalando con el dedo.
Niños lloriqueando cuando no consiguen lo que quieren.
Niños inconscientes dañando su entorno.
Niños enamorados de ser el centro de atención.
Niños quitando el juguete al compañero en lugar de jugar con el suyo.

Como todo niño, el ego necesita aprender, siendo dejarlo ser y estar, el mejor modo para que investigue, tantee y averigüe quién realmente es.

Dejar que se salga de la línea.
Dejar que se caiga por sí mismo.
Dejar que se de cuenta que sus actos son sus responsabilidades.

Varias veces he visto documentales en los que dicen que el Ser Humano es una especie muy joven que apenas lleva cuatro días existiendo. Cuando medito sobre esto percibo que es como si estuviésemos en la transción de la adolescencia a la edad adulta.

Como si empezásemos a ser conscientes de que hemos tenido lo que hemos querido pataleando si era necesario.
Como si el planeta fuese nuestra habitación tuviendo ahora que limpiarla porque es nuestra y de nadie más.

Como si tuviésemos que haber ensuciado nuestro entorno para darnos cuenta de que todo está conectado.

Que todo lo que va, vuelve.
Que aún estamos aprendiendo.
Que no somos culpables, sino responsables.

Sociedad Zombi: las emociones

Percibo que, todos los problemas a los que la sociedad se enfrenta en estos momentos, tienen una relación directa y profunda con las emociones. Problemas emocionales que arrastramos desde varias generaciones atrás, que por miedo a sentir burlas, etiquetas e incluso amenazas, muchas personas no conocen quienes realmente son.

Personas que no han despertado su verdadero potencial.
Personas que no han escuchado la música en su interior.
Personas que descononen lo intenso, excitante y apasionante que realmente es imaginar.

Lógica, mecánica y científica sería, a mi parecer, una abreviación bastante adecuada de la forma de pensar predominante en nuestra sociedad y que, debido a nuestro pasado, hemos infravalorado la importancia de escuchar a las emociones sin apenas estudiar el impacto que tenga en cualquier ámbito. Desde lo profesional, hasta lo medioambiental, pasando incluso por la salud.

Podría decirse que, por el camino que ha estado yendo, el Ser Humano prefiere no hacer de forma consciente lo que su inconsciente sabe que es capaz de hacer, como si en cierto modo estuviese esperando a que la ciencia le diga cuál es el verdadero potencial de su cerebro para entonces tomar acción.
Dejándose así condicionar por su pasado,
en lugar de dejarse llevar por las sensaciones pudiendo llegar a descubrir sus propias capacidades desde el interior.

Como que sin estar seguro al 100% de lo que es capaz, no lo hará por miedo a fracasar.
Como que hasta que no le enseñen números, gráficas y estadísticas que le confirmen de su potencial, no lo hará por miedo a burlas.
Como que hasta que no hayan comprobado cientos de veces la veracidad de lo que afirman, no lo hará por miedo al “y si…”.

Siendo incluso así, capaz de no creerselo.

Hoy mismo, mientras estoy escribiendo esto, he descubierto por casualidad una nueva aptitud humana que anteriormente desconocía.

Un rasgo de la personalidad que, para mí todos tenemos, me ha dado la iluminación para comprender un poco más nuestro actual proceso evolutivo-emocional.

Este rasgo se llama ser una PAS (Persona Altamente Sensible).

Se sabe que, esta es una característica que tienen alrededor del 30% de las personas en todo el mundo. Un rasgo característico en personas que, de forma innata, son muy empáticas, para ellos no existen términos como la competitividad o la mentira, lo hacen todo desde el amor profundo para ayudar a los demás, sufren mucho más por cualquier cosa en comparación a una no PAS, entre otras.

Esta aptitud la concibo como si la misma inconsciencia social haya desarrollado este rasgo sabiendo que tanto competir, como no ayudar, como mirar por uno mismo, sólo la llevase a contaminación, muerte y desigualdad.
Como si la misma inconsciencia social desee que cada uno de nosotros encontrásemos nuestro propósito con el que poder ayudar a los demás.
Como si la misma inconsciencia social supiese que el egoismo es necesario pero no primordial.

Una PAS siente desde la infancia que tiene algo que hacer, algo que tener que llevar a cabo, algo que, si en su entorno no se siente comprendida, será una persona que probablemente se sienta desorientada, siendo así propensa a aislarse porque, en la soledad consigo misma es donde encuentra las respuestas, la paz y la armonía que necesita.

Esto hace que me vengan a la cabeza imágenes de cuando en mi viaje, yendo de aquí para allá, veía el mismo rostro en todas partes.

Personas infelices que,
faltas de haber decidido,
caminaban deambulando,
sin haberse conocido.

Personas desilusionadas,
sólamente pensando en ahorrar,
salibando por unas vacas,
y un insta que poder rellenar.

Personas que convencido estoy,
con gran talento por descubrir,
acojonadas de no encontrarlo,
fue como también yo lo viví.

El despertar de la conciencia

Nuestra sociedad está sufriendo un cambio, una mejora, una subida de nivel abriendo los ojos a origen de ver cómo está dañando todo a su paso cual virus.

Un cambio al darse cuenta de la existencia de conductas arraigadas en el subconsciente al cuestionarse lo que está bien y lo que está mal mediante el impacto que estas tienen en el medio ambiente.
Un cambio al aprender que amarse a si misma es amar a su entorno y viceversa.
Un cambio consciente de que todo lo que no abra camino a la vida, el conocimiento y el progreso, determina de forma negativa tanto nuestra salud como la de la Tierra.

De la nada, pocos días antes de cumplir los 25 años, empezaron a llegarme preguntas respecto a mi existencia, qué camino escoger, cuál era ese destino o cómo hacer para encontrarlo.

Pronto me di cuenta de que, al no tener ni una sola respuesta, supe que no, que no era feliz. ¿Cómo cojones voy a ser feliz si no sé responder a ninguna de estas preguntas?

A base de ir buscando por internet cualquier cosa que me ayudase a encontrar mi camino escribiendo frases del tipo “no sé que hacer con mi vida”, un día descubrí que, a parte de que el Nomadismo Digital debía ser mi profesión si o si, lo que me había pasado tenía nombre, el despertar de la conciencia o despertar espiritual: el principio de una busqueda consciente de la esencia, de lo que le hace único y especial a cada uno a nivel individual.

Algo que, al parecer, está sucediendo de forma cada vez más frecuente, sobretodo entre los jóvenes y que, a raiz del Cambio Climático, cada vez hay más personas que se cuestionan las cosas en sus vidas.

Gracias a ello, he descubierto la cantidad de sosiego, calma y paz que traen al cuerpo artes como el yoga, la meditación (o mindfulness como se le llama ahora), escribir, dibujar o incluso sonreir desde un cariño real.

Desde entonces, tan solo cuestionándome, no he dejado de aprender cosas nuevas, cosas que ni imaginaba.

Ahora comprendo que todos los altibajos por los que he pasado a lo largo de mi vida eran necesarios para ser quién soy.
Ahora comprendo que la vida es un aprendizaje constante y que eso es lo que la hace tan bella.
Ahora comprendo que el amor es la respuesta a cualquier cosa.

Creo profundamente que la sociedad ha necesitado ensuciar, contaminar y esterilizar la Tierra para darse cuenta de que todo está conectado y de que el estado actual del planeta es el reflejo que se tiene de sí misma.

Un reflejo que muestra cuanto se subestima.
Un reflejo que muestra cuanto se infravalora.
Un reflejo que muestra miedos, inseguridades y carencias emocionales maltratandose a sí misma con conductas autodestructivas.

Unicidad

Estoy totalmente convencido de que, individualmente, todos sabemos que en el fondo somos especiales, únicos. Que todos tenemos una misión que llevar a cabo. Que todos tenemos un camino que seguir en el que las emociones negativas que surjan serán para fortalecernos más y no para frenarnos.

Si no, ¿por qué coño siempre nos identificamos con el héroe?

Intuyo que, al mismo tiempo que cada uno tiene una distinta concepción de la realidad que le hace único, también se tiene una concepción conjunta de la misma que nos hace iguales.

Como percibir que estamos muy cómodos dejando que nuestro entorno sea quien nos haga cambiar en lugar de cambiar nosotros por nuestro entorno.
Como sentir pena por lo que le pueda pasar a nuestro bello planeta.
Como sentir esperanza en nuestras capacidades de salir adelante con esto.

Aún más lejos de dejar que otros te pongan etiquetas, saber quién eres y cómo eres va mucho más allá de decir cosas del estilo: soy gay, soy marxista, soy vegetariano, soy metalero, soy futbolero, soy zero waster, soy andaluz, soy hipster o soy fontanero. Estos nombres son solo resúmenes de conceptos en una sola palabra pero, nada lo es todo al 100%.

Toda definición varía dependiendo de los ojos de quien lo mira.

Como sus creadores, nosotros, esas palabras evolucionan con el tiempo. La definición de esas palabra muestra su origen, su historia, su pasado.

Pero no su presente.

Tú te defines por tus actos, por tus pensamientos, por tus palabras, por la dirección en la que vas. Solo tú puedes saber al 100% cómo eres. Tu pasado no define tu futuro, a no ser que dejes que así sea.

Encontrar tu propio camino no es tarea fácil, lo sé por propia experiencia. De hecho, nunca sabrás con absoluta certeza cual es ese camino, y creeme, eso es lo bonito de recorrerlo.
Lo mejor que puedes hacer es visualizar la meta a la que tu yo de ahora quiere llegar y ponerte a caminar. Ya lo dijo el poeta Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Si sientes miedo, al menos que sea al imaginar que nunca lo encontrarás.

Si sientes vergüenza, al menos que sea por no querer averiguarlo.

Si sientes culpa, al menos que sea por no haberlo buscado antes.

No eches balones fuera.

Tu felicidad. Tu responsabilidad.

A los demás se la pela totalmente que les mientas, ellos tienen sus vidas, sus problemas y sus cosas que requieren de su atención. Por eso, deberías serte siempre honesto porque, si mientes a los demás, en realidad te estás mintiendo a ti.

Si te da pavor, timidez o recelo hablar sobre esto con alguien, no me jodas, tienes internet a tu alcanze para poder investigar sobre qué quieres hacer, quién quieres ser y adonde quieres ir. Querer es poder.

Aunque lo que yo suelo aconsejar es aislarse moderadamente, preguntarse, escucharse y sentir las emociones que pasan por el cuerpo tras esas preguntas.

Las respuestas que necesitas las tienes tú. Nadie más.

¿Necesidad?

Meterse en las redes sociales, ver las noticias o leer cualquier artículo es suficiente para poder sentir que a cada día que pasa aumenta más el miedo por lo que nos pueda pasar, la culpa por cómo el planeta está siendo tratado y la vergüenza de no hacer tanto como se podría.

“…Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino.” Carl Gustav Jung. 1875-1961. Psicoterapeuta.

Hace unos días escuché esta frase que, instanánea e inevitablemente, me dió que pensar.

¿Y si hemos necesitado convertir la Tierra en un basurero para darnos cuenta de que en realidad el problema que tenemos es de autoestima?

¿Y si hemos necesitado sentir pena por las generaciones futuras para darnos cuenta de lo mucho que nos infravaloramos?

¿Y si hemos necesitado vivir esta experiencia como sociedad para dejar de pensar desde el egoismo?

Revolución emocional que salvará al mundo

Estilos de vida como el minimalismo, el vegetarianismo/veganismo o el zero waste tan solo son el principio de una revolución emocional que, a mi percepción, ya estamos viviendo.

El miedo por imaginar cómo será al mundo se está transformando en aceptación de sí mismo al asimilar lo que ya ha pasado y en lo que aún se puede evitar.

La culpa por ver estadísticas del estado actual de la Tierra se está transformando en humildad al entender que aún estamos aprendiendo.

La vergüenza por toparse con basura dando un paseo se está transformando en osadía al asumir que tratar a la naturaleza con respeto no es una opción.

Mi propuesta como cuarto paso es, dejar de luchar contra el dolor al saber cómo otros no hacen lo que podrían, tratando de convencerles de lo que deben o no deben hacer, transformandolo en amor por lo que aún puede ser salvado, viendo el Cambio Climático como una oportunidad en la que poder llevar el talento, la imaginación y la creatividad a su clímax.

Si como yo, eres de los jóvenes que comprenden que muchos granos de arena hacen una playa, te animo a que descubras tu camino.
Encuentra tu propósito con el que poder hacer que esas estadísticas sean de un mundo paralelo y no de este.
Averigua quién quieres ser y cómo quieres ayudar a hacer del mundo un lugar mejor.

Desconocer tu potencial significa que aún no lo has encontrado. No su inexsitencia.

No nos quedan muchos años para que el Cambio Climático sea irreversible. Y ahora
¿Qué vas a hacer?

Párate a pensar si quieres encontrar tu propósito y ser uno más el que se una a esta loca idea de querer mejorar el mundo.

Párate a imaginar cómo será nuestro planeta de aquí a 50 años si nosotros, los jóvenes, no hacemos lo que esté en nuestras manos para paliarlo.

Párate a sentir lo que experimentarán las futuras generaciones al ver cualquier documental sobre naturaleza y saber que muchas de esas cosas ya no existen.

La vida te va a seguir poniendo a prueba crees tu propósito o no. Por lo que tienes dos opciones:

No hacer nada o dar el paso.

Puedes decidir no hacer nada porque eres de los que prefieren esperar a que les impongan los cambios en su vida, como probablemente hayas estado haciendo hasta ahora, o quizá sea porque prefieres posponer la verdadera decisión de dar el paso.
Sea el motivo que sea, tengo para ti este proverbio chino que me encanta:

“El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”

En cambio.

Si ya has decidio que quieres ser Nómada Digital para mejorar el mundo.
Si ya has decidido que se acabó la tontería.
Si ya has decidio que es el momento de tomar las riendas de tu vida.

Genial. De puta madre. La Tierra te necesita y estás haciendo bien por ella.

En cualquier caso, consciente o inconscientemente, si has llegado hasta aquí, ya has tomado una decisión.

Bien.
Espero que no me hayas hecho ni puto caso.
Espero que hayas utilizado tu propio criterio.
Espero que hayas sacado tus conclusiones emocionales individuales.

Un abrazo. Sé feliz.

Jose Carlos.

Ayuda al planeta empezando por ti

Te animo a que salgas del cascarón. A que descubras tu verdadero yo. A que le eches huevos
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